Cuando alguien solicita ayuda lo hace porque no encuentra otra solución. Ha llegado a un punto en el cual la vida lo pone en aprietos y
no puede ver otra salida que consultar un profesional.
Se trata de una situación muy angustiante, un estado de sufrimiento interior, dominado
por el malestar y cercado, también, por situaciones externas que no puede dominar.
Tener frente sí a un sujeto (¿paciente?) con estas características "demandantes" siempre constituye un desafío para el terapeuta.
Acaso algunas veces (pocas afortunadamente!), al sujeto lo aborde el pensamiento mágico de "el terapeuta lo solucionará todo".
Por suerte no es posible que algo así ocurra, porque es deseable que cada uno de nosotros sigamos siendo por siempre sujetos libres.
Lo contrario, implicaría el no respeto por la individualidad... y nadie más que yo mismo para decidir qué es mejor para mi!.
En esto observamos la particularidad del enfoque psicoterpeútico en relación a otras disciplinas. El vínculo que se construye entre
terapeuta y paciente sigue estas premisas. El vínculo es como un gran hilo conductor del que se desprenden el resto de los elementos que permitirán,
no transmitir tal o cual receta-solución sino aprender a aprender.
El dolor y la angustia, la más de las veces tienen algo que mostrarnos, aprender a darles significado a lo que nos angustia
es parte de la experiencia liberadora de la psicoterapia.
"El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa".
Victor Frankl